La palabra reuma se usa de forma coloquial para reunir dolores del aparato locomotor, mas es conveniente precisar: charlamos de enfermedades reumáticas, más de 200 entidades que afectan articulaciones, ligamentos, músculos, información sobre reumatología reuma.pro huesos y tejidos periarticulares. En la vejez, su peso es evidente. La artrosis, la osteoporosis, la artritis reumatoide, la polimialgia reumática o la gota condicionan la movilidad y el equilibrio. Su impacto no se mide solo en dolor, asimismo bajo riesgo de caídas, fracturas y pérdida de autonomía. He conocido ancianos que, tras una caída tonta en el pasillo, pasaron de caminar al mercado a depender de un andador. Ese tránsito suele ser prevenible si combinamos un tratamiento reumatológico ajustado, ejercicios sensatos y una casa amoldada.
Este texto reúne lo que aplico con mis pacientes y sus familias. No es una lista de reglas rígidas, sino una guía práctica. El propósito es doble: reducir el peligro de caídas y resguardar las articulaciones para que duren, funcionen y duelan menos.
Qué es el reuma, y por qué importa en el momento de caerse
Cuando alguien pregunta qué es el reuma, la contestación útil es que no es una sola enfermedad. Los inconvenientes reumáticos en mayores se dividen en conjuntos con implicaciones distintas para la marcha y el equilibrio. La artrosis estropea el cartílago y desfigura la articulación, lo que altera el paso y aumenta la inestabilidad. La artritis reumatoide, por ser inflamatoria, agrega rigidez matinal y sinovitis, lo que reduce la capacidad de reacción del tobillo y la rodilla. La osteoporosis no duele, mas fragiliza el esqueleto, de tal modo que una caída mínima acaba en fractura de cadera o vértebra. La gota descarga ataques bruscos en el primer dedo del pie, bloquea la marcha durante días y deja secuelas si se repite.
El peligro de caídas no depende solo del diagnóstico. Cuenta la suma de piezas: dolor mal controlado, debilidad muscular, pérdida de propiocepción, alteraciones de la vista, efectos de medicamentos, y barreras del ambiente. En personas con enfermedades reumáticas, la sensibilidad articular y la fuerza variarán con las crisis inflamatorias, el clima, el reposo nocturno y la actividad del día precedente. Esa variabilidad obliga a estrategias flexibles, con planes A y B.
Un dato práctico: los mayores con artrosis de rodilla moderada a severa acostumbran a perder entre diez y 20 por ciento de fuerza de cuádriceps respecto a sus pares sin artrosis. Ese déficit se traduce en pasos más cortos, peor control al bajar escalones y mayor peligro de tropezar en superficies irregulares. Reaccionar a tiempo con entrenamiento específico cambia el pronóstico.
Valoración inicial: ya antes de prevenir, hay que medir
Quien consulta por reuma y miedo a caer necesita una valoración completa. No sirve ajustar el bastón sin revisar qué fármacos toma o si ve bien. En la práctica, reviso cinco áreas: dolor e inflamación, función muscular, equilibrio y marcha, medicación y ambiente doméstico.
La evaluación del dolor no se limita a una escala del cero al diez. Importa de qué manera varía a lo largo del día, qué lo agrava y qué lo calma. La rigidez que dura más de 30 minutos sugiere componente inflamatorio, lo que demanda tratar la enfermedad de base, no solo el síntoma. Si hay derrames articulares, la articulación no responde igual al reto de sostener el equilibrio.
La fuerza y potencia muscular se exploran con gestos simples. Cuántas veces puede levantarse de la silla sin emplear las manos. Si consigue ponerse de puntillas y de talones. De qué manera maneja la abducción de cadera, clave para estabilizar la pelvis y eludir el balanceo. Un adulto mayor que tarda más de doce a 15 segundos en llenar la prueba Timed Up and Go tiene un riesgo elevado de caerse en los próximos meses. Esa cifra orienta el plan, no dicta destino.
La marcha cuenta historias. El paso antálgico de quien resguarda una rodilla duele menos, pero pone cargas anómalas en cadera y pie contralateral. Si el primer metatarso duele por gota o hallux rigidus, el antepié evita generar impulso y toda la cadena se desordena. Es habitual que los pacientes atribuyan los tropezones al calzado cuando en realidad el tobillo no dorsiflexiona lo suficiente por rigidez y debilidad del tibial anterior.
Por último, reviso la medicación con lupa. Antihipertensivos que provocan hipotensión ortostática, benzodiacepinas que enlentecen reflejos, antidepresivos con efectos extrapiramidales, hipoglucemiantes que causan bajadas de azúcar, y dosis altas de calmantes que nublan la atención. El interrogante porqué acudir a un reumatólogo tiene aquí una contestación concreta: pues integra el impacto de la terapia de la enfermedad reumática con el peligro funcional. Ajustar un corticoide o escalar un fármaco modificador de la artritis reumatoide reduce el dolor y la rigidez, y con ello reducen caídas.
Dolor controlado, movimiento posible
La prevención de caídas comienza en el control del dolor. Nadie adiestra bien si cada paso duele. Mas es conveniente no caer en el exceso de medicación. En artrosis, uso pautas escalonadas: analgesia básica, tópicos antinflamatorios en articulaciones superficiales, infiltraciones selectivas cuando hay sinovitis, y ayuda con calor o crioterapia conforme la fase. En artritis reumatoide, el foco está en lograr remisión o baja actividad con medicamentos modificadores. He visto pacientes que pasaron de dos caídas mensuales a ninguna en seis meses solo por estabilizar la inflamación de tobillos y rodillas.
El dolor nocturno interrumpe el sueño y estropea la atención al día siguiente. Una persona con privación de sueño se mueve peor, calcula mal distancias y acepta menos el reto del equilibrio. Ajustar horarios de medicación para cubrir la madrugada, utilizar almohadas que descarguen caderas y hombros, y aplicar compresas tibias antes de acostarse, son medidas simples con efecto real.
Entrenamiento de fuerza y equilibrio que respeta la articulación
No hay un protocolo único, pero hay principios que funcionan. Robustecer sin inflamar. Mover en todo el rango posible, sin forzar. Alternar días de carga con días de técnica y movilidad. Evitar ademanes que compriman la articulación en punta de dolor. En casa, los ejercicios con peso anatómico y bandas elásticas cubren la mayor parte de necesidades, y los progresamos con calma.
Para rodilla con artrosis, priorizo cuádriceps, isquiotibiales y glúteo medio. La sentadilla a silla, con la cadera que comienza el movimiento, mejora el control excéntrico y la seguridad al sentarse. Si duele, elevamos la silla o usamos cojines para reducir el ángulo de flexión. El puente de glúteos, con pausa de dos segundos en la extensión, estabiliza la pelvis y descarga la rodilla en la marcha. Para el tobillo, las elevaciones de talones y puntillas despiertan musculatura olvidada, y mejoran la circulación.
El equilibrio se adiestra con progresiones fáciles. Apoyo bipodal con base disminuida, ojos abiertos y luego cerrados si procede. Semitándem y tándem junto a una superficie estable. Transferencia de peso adelante y atrás, y después lateral. Integrar estos desafíos en actividades cotidianas ayuda más que dedicarles diez minutos apartados. Por poner un ejemplo, al lavarse los dientes, sostener 20 segundos de apoyo unipodal con una mano rozando el lavabo. La clave es la constancia, 5 días a la semana, diez a quince minutos diarios suman más que sesiones maratonianas.
Con artritis activa, espero a que la inflamación esté bajo control para intensificar carga. Mientras tanto, trabajo rango de movimiento suave, contracciones isométricas y ejercicios en descarga, como pedaleo en bici estática con poca resistencia. En gota, tras el ataque agudo, hace falta recuperar movilidad del primer metatarso con movilizaciones suaves y estiramientos de flexores y extensores.
Un apunte sobre el miedo: muchos ancianos evitan desafíos por temor a desplomarse. Si trabajamos siempre sobrecolchados de seguridad, el sistema nervioso jamás aprende a administrar el desequilibrio real. Un truco útil es crear “ventanas de reto” controladas, como pasear por un corredor con puntos de apoyo cada dos metros, o practicar giros lentos sobre una alfombra antideslizante, con supervisión, para que el cerebro vaya registrando el éxito.
Calzado y ortesis: detalles que marcan la diferencia
Un calzado adecuado previene tropiezos y alinea cargas articulares. Suela firme, con buen agarre y un drop moderado para facilitar el paso. Evito suelas exageradamente blandas que amortiguan la propiocepción, y puntas demasiado estrechas que agravan juanetes o dedos en garra. En pies con deformidades, una plantilla con soporte de arco y alivio de zonas de presión mejora la estabilidad. Para el primer metatarso doloroso, un rocker sole que facilita el despegue reduce el ahínco y el dolor.
En rodilla con varo notable, una rodillera con válvula de descarga puede aliviar durante travesías prolongadas, pero no sustituye al trabajo de glúteos y cuádriceps. En muñecas con artritis, una férula nocturna disminuye sinovitis y mejora la función matinal, con impacto indirecto en la seguridad al usar bastones o andadores.
El bastón, si se usa, va en la mano contraria a la pierna dolorosa. Ajuste a la altura correcta: el codo debe flexionarse unos veinte a 30 grados. Un ajuste incorrecto añade peligro en vez de quitarlo. Y es conveniente alternar manos si el dolor es bilateral, para eludir sobrecargar hombros y muñecas.
Casa segura: cada habitación cuenta
Los cambios útiles no requieren reformas completas, si bien en ocasiones una barandilla bien puesta vale más que cualquier suplemento. Los corredores han de estar despejados, con buena iluminación continua. Los cables sueltos y las alfombras sin antideslizante son oponentes declarados. En el baño, la combinación de humedad, superficies planas y prisas lo vuelve el lugar de mayor riesgo. Las barras de apoyo junto al inodoro y en la ducha, un asiento de ducha estable y un tapete antideslizante cambian el juego. Un detalle que raras veces se comenta: la altura del inodoro. Demasiado bajo obliga a una flexión de cadera y rodilla que muchos no toleran. Un ascensor reservado reduce el esfuerzo y el peligro al incorporarse.
En el dormitorio, la luz al alcance de la mano, sin levantarse a oscuras. Las zapatillas han de estar a la vera de la cama, con talón cerrado y suela antideslizante. Las mesitas bajas cerca del trayecto a la puerta son trampas frecuentes. Las escaleras requieren pasamano continuo y contraste visual en el borde de los peldaños. Un interruptor al inicio y al final de la escalera evita bajar a oscuras por distracción.
A veces, el mayor peligro no está en el suelo, sino más bien en la prisa. Quien toma diuréticos a última hora de la tarde corre al baño por la noche. Un ajuste del horario del medicamento reduce visitas nocturnas. La agenda y el entorno deben coordinarse con la fisiología, no contra ella.
Nutrición, peso y hueso: el sustrato invisible
El músculo avejenta si no se usa, mas asimismo si no se nutre. La ingesta de proteína suele quedarse corta. En mayores con enfermedades reumáticas que procuran proteger articulaciones y eludir caídas, un fin razonable es lograr 1 a uno con dos gramos de proteína por kilogramo de peso al día, siempre ajustado por función nefrítico y recomendaciones médicas. Repartir la proteína durante el día, con veinticinco a treinta gramos por comida, favorece la síntesis muscular.
El peso anatómico es un equilibrio delicado. El exceso de peso castiga rodillas y caderas con cada paso, y aumenta el dolor. Pero una pérdida brusca, singularmente si se pierde masa muscular, eleva el peligro de caídas. Cuando se prescribe pérdida de peso, el plan debe incluir adiestramiento de fuerza y suficiente proteína. En artrosis de rodilla, una reducción del cinco a 10 por ciento del peso se asocia con mejoría significativa del dolor y la función. No se precisa perseguir la delgadez, sino más bien calmar la carga mecánica de forma sostenible.
En hueso, calcio y vitamina D tienen sentido si hay déficit, mas es conveniente medir ya antes de prescribir. La vitamina liposoluble D baja se relaciona con debilidad proximal y peor equilibrio. Corregirla en rangos adecuados mejora fuerza y reduce caídas en algunos perfiles. Si el riesgo de fractura es alto, una terapia antifractura bien indicada cambia el desenlace de una caída de potencialmente desastrosa a un susto.
Medicación: ajustar para moverse mejor
No todo medicamento que alivia ayuda a caminar. Los opioides, aunque útiles a corto plazo en ciertos escenarios, empeoran el equilibrio y la atención. Las benzodiacepinas y algunos hipnóticos aumentan caídas a la noche. La polifarmacia es un predictor claro de peligro. Repasar el botiquín cada seis meses, idealmente con el reumatólogo y el médico de familia, evita duplicidades y minimiza efectos adversos.

En artritis reumatoide, lograr remisión es la meta que más resguarda las articulaciones y la función. En ocasiones se teme escalar tratamiento por la edad, mas los datos muestran que controlar la inflamación reduce destrucción articular y mantiene fuerza y movilidad. Es un ejemplo de porqué asistir a un reumatólogo no es solo para “recetar analgésicos”, sino para dirigir la enfermedad de base y, con ello, la capacidad de vivir sin caídas.
La gota, mal controlada, mina la marcha. Una meta de ácido úrico sérico que prevenga ataques y disuelva tofos evita el ciclo de reposo forzado y debilidad subsecuente. En polimialgia reumática, ajustar descendiendo corticoides con guía clínica y, si procede, esteroide ahorradores, equilibra control de síntomas con salud ósea y muscular.
Dos listas prácticas para el día a día
Lista breve de señales de alerta que aumentan el riesgo de caída en mayores con reuma:
- Levantarse mareado o con visión borrosa al erguirse, en especial tras cambios de medicación. Empeoramiento súbito de dolor de tobillo, pie o rodilla que altera la marcha frecuente. Episodios recientes de “casi caída” al girar o en el baño. Necesidad de respaldarse en muebles para recorrer estancias que antes se hacían sin apoyo. Somnolencia diurna nueva, relacionada o no con hipnóticos, analgesia o falta de sueño.
Pasos específicos para reuma proteger articulaciones al pasear afuera:
- Elegir superficies regulares y rutas conocidas, eludiendo bordillos con mal reborde y baldosas sueltas. Usar calzado con suela de buen agarre y puntera amplia; añadir bastón o bastón nórdico si el día está inestable. Calentar cinco minutos con movimientos articulares y pasos cortos antes de tomar ritmo. Mantener una cadencia algo más alta con pasos más cortos, que mejora estabilidad, en vez de pasos largos y lentos. Parar y estirar suavemente si aparece dolor agudo, en vez de “empujar” a través del dolor.
Lecciones de consulta: anécdotas que enseñan
Recuerdo a una mujer de setenta y ocho años con artrosis severa de rodilla y pie plano adquirido. Evitaba salir por miedo a tropezar en el mercado. No admitía bastón por orgullo. Al valorar su calzado, usaba mocasines blandos que cedían en todos y cada paso. Trabajamos a lo largo de cuatro semanas fuerza de glúteo y cuádriceps, cambiamos los zapatos por unos con contrafuerte firme y suela con rocker suave, y practicamos giros y paradas en el pasillo de su casa. A la sexta semana, escogió un bastón plegable solo para días de mucho ajetreo. No volvió a desplomarse. El detalle no fue heroico. Fue la suma de pequeños ajustes.
Otro caso, un hombre de ochenta y uno con artritis reumatoide controlada, pero con somnolencia por tomar un hipnótico nocturno empezado tras una hospitalización. Dos caídas nocturnas en un mes. Reemplazar el hipnótico por higiene del sueño, ajustar la analgesia para la madrugada, y poner una luz de sensor de movimiento redujo el inconveniente a cero. A veces la mejor intervención reumatológica es coordinarse con el resto del equipo para retirar lo que sobra.
Expectativas realistas y seguimiento
Los ejercicios y adaptaciones son eficaces si se examinan y se ajustan. Muchas veces, el anciano mejora, se confía y abandona la rutina. Las recaídas ocurren, singularmente tras viajes, gripes o periodos de inactividad. Aconsejo marcar en el calendario dos revisiones al año con el reumatólogo y, de ser posible, con fisioterapia, para recalibrar el plan. Las enfermedades reumáticas cambian, y el programa de prevención debe acompañarlas.
Vale admitir que habrá días malos. En brotes de artritis, la prioridad es contener la inflamación, mantener movilidad suave y descansar. En días buenos, es conveniente no despilfarrar energía en tareas de poco valor, sino dedicarla a pasear, entrenar fuerza y compartir actividad social, que sostiene alarma el sistema inquieto y previene el aislamiento.
Cuándo solicitar ayuda especializada
Hay signos que demandan consulta. Si el dolor articular lúcida de noche de forma persistente. Si aparece hinchazón marcada de una articulación, o si un ataque de gota no cede como anteriormente. Si una caída deja inseguridad para moverse, aunque no haya fractura. Si se precisa acrecentar calmantes cada mes para mantener la actividad. Si hay pérdida de peso involuntaria o debilidad progresiva. Son motivos claros por los que acudir a un reumatólogo. Además de ajustar tratamiento, el reumatólogo coordina con rehabilitación, alimentación y enfermería comunitaria. La prevención de caídas no es solo gimnasio y barras, es manejo integral de la enfermedad.
Cierre práctico
La pregunta de fondo no es de qué manera evitar a toda costa cada tropiezo, sino de qué forma construir un cuerpo y un entorno que acepten lo imprevisible. En mayores con reuma, eso implica entender la enfermedad específica, respetar el dolor sin obedecerle, entrenar lo que sostiene el paso y simplificar la casa a fin de que ayude y no estorbe. No hay atajos mágicos, pero sí resoluciones que, sumadas, cambian la vida: una medicación bien afinada, media hora de trabajo físico 5 días a la semana, zapatos convenientes, luz suficiente, y la humildad de emplear un apoyo cuando el día viene difícil.
Los resultados mejores no se ven en la consulta, sino en el pasillo de casa y en la acera de siempre. Quien vuelve a adquirir pan sin miedo, quien sube su escalera con cadencia segura, quien se deja el camino vespertino aunque soplen nubes, gana terreno a las caídas y está protegiendo sus articulaciones. Ese es la meta. Y es asequible, con método y con paciencia.